Eugenia

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Perchas

-Buenas tardes, caballero.
-Sí, dígame?
-Vengo a hacerle una oferta imperdible, vea que preciosas perchas.
-No, gracias, ya tengo bastantes, en otro momento tal vez..
-Está bien, pero permítame continuar y decirle que éstas no son cualquier perchas. Descubrirá que mi oferta no es moco de pavo.
-Me imagino que serán muy baratas seguramente, pero ya le dije que ya tengo..
-Caballero, estas perchas, así como las ve, aunque parezcan perchas ordinarias, objetos comunes y sin demasiada importancia, son mucho más que eso.
Usted podrá pensar que soy un vendehumo, un estafador de poca monta tal vez, o un simple e inofensivo viejo orate, pero téngame fe, deposite una cuota de confianza y dele a este pobre viejo dos simples minutos para explicarle.
-A ver, lo escucho.
-En estas perchas usted podrá colgar cada parte de su vida y lo que le venga en suerte. Cada logro y fracaso, cada festejo y desilusión. Una vez estos momentos son colgados, allí se quedan. Y como con la ropa común y silvestre, ud. podrá guardar todo aquello que le sirva y desechar tranquilamente el resto.
-Vamos, déjese de joder, hombre..
-Créame que no le estoy mintiendo, y en todo caso, si ésto no funciona para usted, aún así dispondrá de unas excelentes perchas de la mejor calidad para sus camisas.
-Ok, deme algunas.. cuánto le debo, diez, veinte pesos?
-No, sólo un peso. Pero despreocúpese, con aceptarlas ya me lo ha quitado.

Cova – 2010